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Bienvenidos a bordo una vez más, amigos de los Misterios Aéreos. Hoy, 11 de Noviembre de 2018, celebramos el 100º aniversario del final de la I Guerra Mundial, la Gran Guerra, como se conoció en el mundo entero. Entre los años 1914 y 1918 el mundo entero se rompió en bloques de países que se aniquilaron el uno al otro con el único objetivo de enaltecer la prepotencia y agresividad de la raza humana.

Fueron años de avances técnicos y científicos y fueron años en los que se vieron nacer auténticas leyendas que marcarían el rumbo de la Gran Guerra. Y en este aniversario del final de la I Guerra Mundial, me gustaría recordar a una persona que fue una leyenda, un ejemplo de valor y honestidad, lo fue todo menos un cobarde y un hombre sin honor. Su nombre era Manfred Von Richthofen, alemán y el mundo entero lo conoce desde entonces como el famoso “Barón Rojo”.

El 21 de abril de 1918 por la mañana, el barón Manfred Von Richthofen. el más mortífero de los ases que la guerra aérea haya conocido jamás, fallecía al ser derribado por el enemigo…

Durante muchos años planeó el misterio en el mundo de la aviación militar de quién había sido realmente la persona que consiguió abatir al famoso piloto alemán de combate, alguien que parecía de cara a sus enemigos aéreos, prácticamente invencible. En su artículo en www.kerchak.com, el redactor Octavio narra fielmente los últimos momentos del Barón Rojo antes de ser abatido por las fuerzas aéreas aliadas.

En el calor de la batalla por el dominio del aire, durante la I Guerra Mundial, en una época en que la expectativa de vida de un piloto era de 3 semanas, los jóvenes aviadores de ambos bandos se protegían con amuletos para la buena suerte y se rodeaban de supersticiones. Entre los aviadores alemanes que pilotaban máquinas voladoras hechas con lona y cuerdas, se creía en una superstición, la más importante de todas: no ser fotografiado antes de una misión. Sólo tras cumplirlas, los pilotos permitían que una cámara fotográfica registrara sus victorias. El 21 de abril de 1918 por la mañana, el barón Manfred Von Richthofen. el más mortífero de los ases que la guerra aérea haya conocido jamás, se burló de esa superstición. Se detuvo para jugar con un perrito en la puerta del hangar que albergaba su triplano Fokker, pintado de rojo brillante. Y entonces sonrió al objetivo de una cámara, sostenida por un visitante del campo de aviación.

Entre los aviadores alemanes que pilotaban máquinas voladoras hechas con lona y cuerdas, se creía en una superstición, la más importante de todas: no ser fotografiado antes de una misión. Manfred no la cumplió…

El barón Von Richthofen podía permitirse el lujo de desafiar la superstición. Después de todo, a los 25 años de edad, era el más famoso aviador del mundo. Se lo consideraba casi invencible. El día anterior había derribado su avión enemigo número 80. Era un héroe nacional, conocido como El Caballero Rojo de Alemania o el Barón Rojo, a causa del «circo aéreo» que se lanzaba 2 veces cada día sobre los cielos de Francia y Bélgica. Allí, causaba estragos entre los aviones británicos, franceses, australianos y canadienses.

Richthofen subió a la carlinga de su Fokker a las 10.15 de esa mañana, mientras la banda militar tocaba himnos en honor de sus victorias. Despegó del campo de aviación de Cappy seguido por 2 docenas de aviones, y voló hacia el pueblo de Sailly-le Sec, en el valle del Somme, donde volverían a reunirse. Más o menos al mismo tiempo, mientras Richthofen comenzaba a mover su avión por la pista de despegue, otro piloto se estaba preparando para levantar vuelo, en Bertangles, a 40 km de allí. Se llamaba Roy Brown, y era un canadiense de 24 años de edad, piloto de un Sopwith Camel del Escuadrón 209, de la recién formada RAF. Brown, aviador voluntario, nacido en Toronto, era muy distinto al extravagante Barón Rojo, con quien poco después iba a enfrentarse en combate.

a los 25 años de edad, era el más famoso aviador del mundo. Se lo consideraba casi invencible. El día anterior había derribado su avión enemigo número 80. Era un héroe nacional, conocido como El Caballero Rojo de Alemania o el Barón Rojo…

Retraído y modesto, Brown se había apuntado ya la muerte de 12 oficiales alemanes, y llegaría a apuntarse un número mayor, aunque rara vez se preocupara de remarcar sus victorias individuales. Recientemente, Brown había sido ascendido a Capitán y recibido la condecoración Cruz de los Pilotos Distinguidos. Estaba cumpliendo 2 peligrosas misiones cada día de la semana, y mantenía en forma su cuerpo cansado con constantes infusiones de leche y coñac. Brown había oído hablar mucho del barón Von Richthofen, y respetaba a los pilotos de su asombroso «circo aéreo». Por su parte, Von Richthofen no había escuchado hablar jamás del capitán Brown, el hombre que, a las 11.15 de esa mañana, estaba ya volando a 3.000 metros por encima suyo, con uno de los 15 aviones de la RAF que combatían cerca de Sailly-le Sec.

Brown vio, debajo suyo, al poderoso circo rojo, que atacaba a 2 lentos aviones de reconocimiento REB, que daban vueltas, girando y descendiendo en tirabuzones, en un intento de esquivar el ataque. Brown hizo entrar a su Camel en una abrupta picada y, en perfecto orden, 7 de sus compañeros hicieron lo mismo. A lo sumo, tenían orden de arriesgar sólo 8 de los aviones que componían el asustado escuadrón. Mientras sus aviones rugían hacia el combate aéreo, a unos 1.000 metros, los pilotos aliados sabían que estaban en clara inferioridad numérica con respecto a los alemanes, y que uno de los 8 aviones que se estaban uniendo en batalla sólo resultaba apto para dar un paseo. Era el que pilotaba el alférez William May, un australiano que acababa de llegar a Francia y a quien se le había ordenado mantenerse al margen de cualquier combate aéreo hasta que hubiese adquirido una mayor experiencia.

Los restos del Fokker del Barón Rojo, exhibidos por las fuerzas aliadas en territorio francés….

May estuvo girando alrededor del sitio donde se desarrollaba la contienda, y vio cómo los otro 7 Camels atraían a los aviones alemanes para permitir que los 2 asediados REB se refugiaran en un banco de nubes. Los escasos pilotos de la RAF estaban obteniendo un triunfo inesperado. En cuestión de minutos, habían derribado 4 aviones alemanes, uno de ellos alcanzado por los disparos del inexperto May. Pero nada más May despachó al aparato enemigo, el propio barón Von Richthofen se precipitó hacia el avión del australiano para enfocarlo en la mira de sus armas. Las 2 ametralladoras Spandau del Fokker rasgaron el fuselaje del avión de May. El piloto australiano sólo recibió heridas leves, pero se encontraba en un grave aprieto. Por más que lo intentaba, no podía sacudirse de su cola al Barón Rojo. Barrenó, giró, volvió a girar, pero era demasiado inexperto para superar al as alemán.

Brown advirtió lo que estaba sucediendo y abandonó el centro del combate aéreo. En ese momento, May estaba huyendo a todo gas; su avión volaba bajo y el barón estaba a sólo 25 metros detrás de él. Con la ventaja de la altura, Brown se precipitó hacia abajo, hasta que consiguió alcanzar al alemán. Su batería australiana abrió fuego sobre el avión de Richthofen, pero el barón continuó su caza con toda determinación. Tan absorto estaba en la persecución de su presa, que el vencedor de 80 batallas aéreas se olvidó de la primera regla que consta en el manual de aire: vigilar siempre la retaguardia. Brown estaba ya justamente sobre la cola de su avión, con la mano inmóvil sobre el gatillo de su ametralladora Vickers. El avión del Barón Rojo se puso en su mira y Brown abrió fuego: una larga ráfaga, que lanzó una precisa hilera de balas a lo largo del fuselaje del Fokker, comenzando en la cola y dispersándose en la cabina de mando. La proa del Fokker se inclinó hacia abajo y el avión planeó hacia tierra. Allí se estrelló, y siguió dando tumbos hasta detenerse cerca de las líneas británicas, en las afueras de Sally-le Sec. Un soldado británico registró la carlinga y encontró al barón Manfred van Richthofen erguido en su asiento, muerto. Un oficial sacó una instantánea de la escena, para dejar caer copias sobre las líneas alemanas al día siguiente. Mientras tanto, en el campo de aviación de Cappy, un fotógrafo alemán estaba observando el cielo. Esperaba el regreso del «circo aéreo»; esperaba poder fotografiar ese día par segunda vez al siempre victorioso Barón Rojo.

El Misterio De Su Muerte

Von Richthofen fue derribado el 21 de Abril de 1918, cuando tenía 25 años, cerca del río Somme, en territorio francés. La versión oficial atribuye la muerte del as alemán al capitán canadiense Roy Brown. Pese a la versión oficial, siempre quedaron dudas sobre quién había sido el autor de la muerte de Von Richthofen, pues aparte de los aviones que participaron en la batalla, también había fuego de artillería contra el mítico avión rojo. Un nuevo documento, que hace poco salió a la luz, narra las últimas horas del “Barón Rojo” y revela el autor de su muerte que, por cierto, no fue el canadiense Brown. 

Un soldado británico registró la carlinga y encontró al barón Manfred van Richthofen erguido en su asiento, muerto. Un oficial sacó una instantánea de la escena, para dejar caer copias sobre las líneas alemanas al día siguiente.

Un reporte del Teniente Donald Fraser, oficial de inteligencia de las 11ª Brigada de Infantería australiana, identifica al artillero Sargento Cedric Popkin como el autor del disparo que acabó con la vida del as germano. En el documento se narran los últimos instantes de Von Richthofen y se deja en claro que tras una ráfaga de ametralladora de Popkin, ubicado en tierra, el avión Fokker del alemán comenzó a maniobrar “torpe e irregularmente”. “Felicité al sargento Popkin por su disparo exitoso, pero después descubrí que otros 2 infantes habían abierto fuego cuando el aeroplano estaba pasando justo sobre mi cabeza”, escribió Fraser.

Ellos probablemente ayudaron a sellar el destino de este aviador. Sin embargo, estoy firmemente seguro de que fue impactado primero por los disparos del Sargento Popkin, pues el avión se tornó inestable desde su primera ráfaga de disparos. Este documento, junto a otras pertenencias de Von Richthofen, fue subastado en Nueva York por Bonhams. Popkin, quien falleció en 1968, aseguró que estaba “bastante seguro de que fue mi fuego el que derribó al Barón, pero creo que este misterio nunca se va a aclarar”.

Tal era la figura y fama del piloto germano en el momento de su muerte, que en su entierro, que fue realizado por pilotos británicos, su ataúd fue cubierto con flores y pilotos australianos llevaron su féretro al lugar de entierro. En su epitafio, británicos y australianos escribieron: “Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor. Que descanse en paz”.

Hay Misterios Aéreos que perduraran por los siglos de los siglos sin que se esclarezcan al 100%. Hasta el próximo vuelo del misterio, amigos….

Fuentes:

https://www.latercera.com/noticia/documento-aclara-el-misterio-de-quien-mato-al-baron-rojo/

https://kerchak.com/la-muerte-del-baron-rojo/

https://magnet.xataka.com/idolos-de-hoy-y-siempre/100-anos-misteriosa-muerte-baron-rojo-as-que-hizo-aviacion-mito-actual

 

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