El Culto al Cargo: La religión que adora a los aviones. Un culto que, a día de hoy, continúa en Australia y Melanesia. Auténticos artefactos voladores que surcaban los mares, llegados de «forma milagrosa» desde el cielo y el océano, sorprendieron a muchas tribus aborígenes de Oceanía y Amazonas a finales de la II Guerra Mundial. ¿Eran divinos aquellos seres blancos, inteligentes, de distintas lenguas o trajes espaciales que hacían milagros con los objetos que portaban? Os lo cuento en mi artículo de hoy…

Bienvenidos a bordo de nuevo, amigos de los «Misterios Aéreos». Rastreando nuevos enigmas en torno a los misterios aéreos en los cielos de nuestro planeta, me topé de casualidad con esta maravillosa historia. Sin duda es una clara señal, lo que os voy a contar hoy, de que conocemos más bien muy poco todavía, todos los rincones, culturas, tradiciones y sociedades del planeta que habitamos.

 

El Culto al Cargo en la Melanesia

 

Viajamos hoy en el tiempo a bordo de nuestro vuelo del misterio, no muy lejos además. Y aterrizamos en el Siglo XX, el cual todavía tenemos tan cerca en nuestro calendario. Ahora, pongamos rumbo hacia la zona del planeta donde se encuentran Australia y la Melanesia. Hoy viajamos, además, en un sentido como pocas veces lo hacemos, de forma mucho más espiritual y reflexiva.

 

El “Culto al Cargo” se convirtió en la creencia religiosa más importante de todas las regiones de Oceanía. Así, muchos pueblos pasaron a celebrar cultos y ritos propios y específicos para esta nueva “religión”.

 

La Melanesia de nuestro planeta es la parte de la Tierra donde se sitúan las diferentes regiones que forman el continente de Oceanía. Un lugar donde, por ejemplo, encontramos islas como Nueva Guinea, Islas Fiyi, Isla de las Flores, Islas Vanuatu, Isla de Tanna, Islas del Estrecho de Torres, Nueva Caledonia y un largo etc…

 

La II Guerra Mundial descubrió el Culto al Cargo

 

En todas estas regiones, tras finalizar el sangriento periodo que sacudió nuestro planeta, como fue la II Guerra Mundial, nació una serie de creencias, filosofías, tradiciones y religiones que se extendieron a lo largo de esta región. Lo hicieron entre las más de 1.000 creencias distintas dentro de la inmensa diversidad de pueblos aborígenes del lugar. A estas nuevas formas de pensar, si hablamos de manera religiosa, se le llamó “Culto de Cargo” o “Culto al Cargo”.

 

Para realizar estos ritos y cultos, los melanesios recrean las maquetas de esos aviones con madera, paja, cuerdas y otros materiales recogidos de la propia naturaleza. Son tan exactos que hasta recrean equipos de radio, sistemas de armas, etc…

 

Hasta este momento, se pensaba que en la zona podría haber entre 700 y 1.000 creencias religiosas distintas. También hay que tener en cuenta que en Oceanía la diversidad cultural y lingüística era casi ilimitada, lo cual hace de esta historia todavía una historia mucho más asombrosa. Y a ello se le suma la novedad de la llegada de los “invasores” europeos que trajo la II Guerra Mundial. Una llegada que fue principalmente significativa por la implantación de nuevas tecnologías.

 

El Culto al Cargo. Nueva creencia religiosa en Oceanía

 

En resumen, el “Culto al Cargo” se convirtió desde ese momento en la creencia religiosa más importante de todas las regiones de Oceanía. De esta manera, estos pueblos pasaron a celebrar cultos y ritos propios y específicos para esta nueva “religión”. Así que todos nos hacemos la misma pregunta: ¿En qué consiste el “Culto al Cargo” o “Culto de Cargo”? Veamos en qué consisten estos nuevos ritos religiosos.

El “Culto de Cargo” es, específicamente, una creencia que adoptaron los pueblos aborígenes de Oceanía, tras llegar los europeos al finalizar la II Guerra Mundial. Era una religión basada en esperar la llegada de aviones cargueros llenos de mercancías y víveres. De esta manera, los aborígenes practicaban esta culto mientras esperaban la llegada de los “aviones milagro”. Aquellas aeronaves, cada vez que descendían del cielo, traían siempre cosas buenas a bordo para sus pueblos.

 

Era una religión basada en esperar la llegada de aviones cargueros llenos de mercancías y víveres. De esta manera, los aborígenes practicaban esta culto mientras esperaban la llegada de los “aviones milagro”.

 

Este culto no se ciñe solamente a aeronaves llegadas del cielo (tecnología que los aborígenes no lograban entender) sino que también se ampliaba a esas grandes naves que surcaban los mares rumbo a Oceanía. Aquellas embarcaciones llegaban igualmente con provisiones a bordo, mercancías y víveres.

 

Nuevas tecnologías llegadas del cielo

 

Durante y al final de la II Guerra Mundial, llegaban barcos procedentes de Japón, EEUU o Gran Bretaña (y otros ejércitos aliados) con cargamentos llenos de nuevos artefactos tecnológicos. Aquellas novedades eran totalmente desconocidas para los atrasados pueblos aborígenes, como por ejemplo podía ser la ropa para vestirse. También desconocían el papel y los lápices o bolígrafos para escribir, utensilios para el hogar como lámparas, comida, armas, teléfonos, etc… Todo ello embarcado en grandes aviones de carga o buques mercantes.

Los aborígenes de la Melanesia se sorprendieron muchísimo con la llegada de tantos nuevos elementos tecnológicos desconocidos y avanzados para su cultura y su sociedad. Pero aún se asombraron mucho más al ver cómo desde esas aeronaves que volaban y embarcaciones que llegaban a sus costas, descendían hombres que hablaban lenguas totalmente distintas y desconocidas para ellos.

 

Los aborígenes, curiosamente recrean lo que ellos llaman aviones de “sexo femenino”, cuyo fin es atraer a esos “aviones macho” que llegaban de los cielos milagrosamente cargados de objetos milagrosos y llenos de poderes especiales.

 

Y no solo eso, incluso esos hombres que hablaban de forma tan distinta, eran capaces de curar enfermedades que mataban a muchos aborígenes con el simple hecho de contraerlas. Lo hacían de alguna forma milagrosa y lograban frenar la mortalidad entre los nativos del lugar. Todos estos hechos, para los aborígenes eran imposibles de comprender, razonar o explicar.

Solamente veían nuevas tecnologías llegadas como caídas del cielo y que jamás habían conocido. Así mismo, se extendió muy velozmente la creencia de que todas estas nuevas maravillas tecnológicas no eran más que envíos realizados por los mismísimos Dioses a los que tanto habían antes adorado. Ahora, esos Dioses enviaban objetos muy valiosos y preciados y ellos tenían que adorarlos para agradecérselo.

 

Los enviados por lo Dioses desaparecen

 

Cuando por fin llegó el tan esperado final de la II Guerra Mundial, estos hombres de lenguas distintas, que los aborígenes tenían como enviados por los Dioses, comenzaron a desaparecer para siempre. De repente, los cargamentos comenzaron a dejar de llegar, junto con esas medicinas milagrosas y el mar no traía más barcos cargados de milagros en sus bodegas.

Así pues, dentro del “Culto de Cargo”, todos esos pueblos aborígenes esperan aún hoy en día, que esos artefactos de los Dioses regresen de nuevo por aire y por mar. Pero en sus creencias esperan que esos barcos y aviones lleguen con sus ancestros melanesios a bordo, desapareciendo para siempre esos hombres blancos enviados por sus Dioses.

 

Se extendió muy velozmente la creencia de que todas estas nuevas maravillas tecnológicas no eran más que envíos realizados por los mismísimos Dioses a los que tanto habían antes adorado.

 

Esos ancestros llegarán con los conocimientos adquiridos de esos hombres de lenguas distintas, con sus tecnologías milagrosas y bienes tan preciados que los aborígenes consideran prácticamente como poderes especiales. Esos conocimientos serán traspasados a los nativos aborígenes de Oceanía y comenzará una nueva época de prosperidad para todas estas culturas.

 

Ritos donde usaban maquetas de aviones

 

Para realizar estos ritos y cultos, los melanesios recrean las maquetas de esos aviones con madera, paja, cuerdas y otros materiales recogidos de la propia naturaleza. Pero son tan exactos que, incluso dentro de ellas, recrean los equipos de radio o los sistemas de armas que llevaban esos aviones a bordo para protegerse.

Los aborígenes, curiosamente recrean lo que ellos llaman aviones de “sexo femenino”. Su fin únicamente es atraer a esos “aviones macho” que llegaban de los cielos milagrosamente cargados de objetos milagrosos y llenos de poderes especiales.

 

Fecha clave dentro del rito del Culto al Cargo

 

Existe desde entonces (aún en la actualidad) una fecha clave en estas regiones que se celebra como si fuese la mismísima Navidad para nosotros los Cristianos. Es el día 15 de Febrero. A esta festividad anual se le llama “El Día de John Frum”. Cuentan los expertos que «John Frum» era un soldado de EEUU que un día de 1941 (en plena II Guerra Mundial) llegó a las Islas Vanuatu. Lo hizo en concreto a Isla de Tanna y se presentó a los nativos diciendo: “Yo soy John Frum y vengo desde América”.

 

Isaac Wan, Jefe de la Comunidad Aborigen de Lamakara, donde se originó la tradición de la historia de «John Frum». Isaac Wan es, o era, el mayor defensor del culto a «John Frum».

 

Creen que este John llegó cargado de diversos regalos para los aborígenes de las islas. El nombre de “John Frum” puede que provenga de “John From (Frum) América”, quedando en “John Frum” definitivamente. La existencia de este famoso personaje (para algunos de leyenda) no está 100% verificada pero lo cierto es que para los aborígenes de Melanesia, «John Frum» llegó a convertirse en un auténtico Dios.

Y ese Dios vino cargado de regalos y con poderes especiales y desde entonces, esperan de nuevo su llegada. Incluso, en Islas Vanuato, llegó a fundarse la «Iglesia de John Frum». Hasta el día de hoy, esperan su nueva llegada al igual que los Cristianos esperan la segunda venida de su Mesías Salvador.

 

La segunda llegada de su Dios «John Frum»

 

En los años 60, hubo un naturalista muy famoso llamado David Attenborough que, además de divulgador, viajó a Isla de Tanna (Islas Vanuato) a realizar un reportaje. Quería realizar ese reportaje sobre la vida de estas tribus aborígenes, de sus costumbres, ritos y sociedades.

Preguntó a los nativos si todavía creían en la figura de «John Frum», a los que éstos respondieron que los Cristianos todavía creían y esperaban la segunda llegada de su Cristo, más de 2000 años después. Y entonces, ¿por qué ellos no iban a esperar la segunda llegada de «John Frum» si solamente habían pasado unas pocas décadas?.

 

Hoy en día, todavía se sigue adorando al mismísimo Duque Felipe de Edimburgo, por ejemplo, adorado por unas tribus aborígenes llamadas «Yaohnanen».

 

Cuando menos, es curioso. Como curioso es que, hoy en día, todavía se sigue adorando al mismísimo Duque Felipe de Edimburgo, adorado por unas tribus aborígenes llamadas Yaohnanen. Pero… ¿realmente fueron estas sociedades de aborígenes, de la Melanesia de Oceanía, los primeros en fundar el “Culto de Cargo” ?. Existen pruebas que chocan con esta teoría. Viajemos ahora desde el Pacífico hacia las selvas amazónicas.

 

Un orígen mucho más antiguo

 

Los “Cultos al Cargo” puede que tengan un origen todavía muchísimo más antiguo. Está comprobado que existe una tribu llamada “Los Kayapó”, en plena selva del Amazonas, que desarrollaron una especie de adoración a un visitante extraterrestre, en tiempos mucho más remotos. Todos los años, los Kayapó celebran la llegada de un ser llamado “Bep Kororoti” («el que viene o llega del Cosmos») que vestía un traje bastante similar al de un astronauta de la actualidad.

 

Todos los años, los Kayapó celebran la llegada de un ser llamado “Bep Kororoti” («el que viene o llega del Cosmos») que vestía un traje bastante similar al de un astronauta de la actualidad.

 

A este ser lo simulan con una vestimenta parecida al de un astronauta pero hecha de mimbre. Este ser habría llegado de la zona montañosa de Pukato Ti. Los lugareños enseguida comenzaron a adorar al ser desconocido recién llegado, que lucía una piel extremadamente brillante y blanca, donde resaltaba su belleza y la buena voluntad que parecía traer. Enseguida lo tomaron por un Dios descendido de los cielos. Era, además, muy inteligente y transmitía conocimientos extremadamente valiosos y útiles a esa tribu tan atrasada socialmente.

 

El enfado del Dios Bep Kororoti

 

Llegó un día, no se sabe por qué razón, que Bep Kororoti se enfadó con la tribu. En un ataque de ira lleno de gritos y amenazas, prohibió que los Kayapó se acercasen a él. Acto seguido, Bep Kororoti se dirigió a las montañas y huyó hacia el cielo. A aquel episodio, los Kayapó lo describieron como una explosión enorme en la que vieron desaparecer a aquel ser desconocido. Aquella huida la hizo en una nube de fuego, rayos, humo y truenos hacia el cielo (¿artefacto similar a un cohete a reacción?).

La explosión destruyó parte de la zona de selva cercana a sus poblados, lo que mató animales y vegetación, dejando a los Kayapo en una situación de hambruna e inanición y falta de recursos. En 1952, un etnólogo llamado Joao Américo Peret, entrevistó a la tribu que le narró la historia describiendo aquel ser vestido con un «traje de astronauta» y realizando cosas que parecían de pura magia.

 

Los “Cultos al Cargo” pueden tener un origen muchísimo más antiguo. Existe una tribu llamada “Los Kayapó”, en la selva del Amazonas, que desarrolló una especie de adoración a un visitante extraterrestre, en tiempos mucho más remotos.

 

Era capaz de matar con solo tocar a alguien, incluso. Hay que recordar que hablamos de épocas en las que el hombre todavía no había iniciado su carrera espacial. La nube y objeto que vieron los Kayapó ascender a los cielos la describieron como «ramas que parecían salir de un árbol». Bep Kororoti se sentó sobre aquel árbol y tras tocar varias ramas, aquello explosionó y ascendió a los cielos.

 

Ritos y cultos similares basados en creencias ancestrales

 

Como podéis observar, no tiene nada que ver la historia de «John Frum» con la de «Bep Kororoti». Sin embargo, el rito de culto a estas creencias y las ceremonias se parecen infinitamente una barbaridad. Existen numerosos núcleos sociales, atrasados y anclados socialmente a su tiempo. Estos núcleos o tribus no están muy adaptados a nuestra sociedad actual y todavía mantienen sus creencias basadas en ciertas experiencias.

Y esas experiencias, aunque para nosotros son de lo más normal, para ellos derivan en auténticas situaciones milagrosas, inexplicables y casi llenas de pura magia. Me ha resultado muy interesante conocer esta historia. Y por eso he querido compartir con vosotros lo que para mí resulta un auténtico misterio de nuestros cielos de hoy en día.

Aunque esté basado en antiguas creencias, sigue siendo todo un enigma procedente de los cielos de nuestro planeta. Os espero en el próximo vuelo del misterio, amigos…